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Si la situación era mala en el interior de la ciudad, en el extrarradio cobraba tintes dramáticos. En agosto de 1924, mientras se denunciaba que Villa de Vallecas seguía sin agua corriente, estalló la polémica sobre el riego de las huertas. La denuncia de un inspector municipal sobre la rotura del colector de Abroñigal, entre los puentes de Ventas y La Elipa, puso en marcha la maquinaria municipal. El ingeniero jefe del servicio certificó que el colector había sido perforado para aprovechar las aguas residuarias en el riego de la finca llamada del Cordero y el inspector municipal de Sanidad realizó una visita a la huerta y comprobó que se estaban cometiendo diversas infracciones que suponían un grave peligro para la salud pública. El agua procedente del colector llegaba a una charca de quince por diez metros y dos de profundidad desde la que regaba, con aguas fecales de olor pestilente, toda la huerta en la que se cultivaban maíz, alfalfa, calabazas, remolacha y lechugas. Junto a la huerta, en dirección a Vicálvaro, el inspector vio varios sumideros sin tapa comunicados con las aguas fecales. En la zona vivían, según el informe, unas mil quinientas personas. Los letrados dictaminaron que existía una responsabilidad penal y que era necesario poner un interdicto. Sin embargo, días después ni se había puesto el interdicto ni se había denunciado el hecho por vía penal. El Sol achacó tal cambio de actitud a la identidad del propietario de la finca, pero no dijo quién era. En el pleno en el que se trató este tema, un concejal se limitó a decir que la «influencia» había resuelto el expediente. Si bien este propietario no fue sancionado, la alarma causada hizo que a partir de ese momento varios hortelanos fueran multados con 250 pesetas por regar sus terrenos con aguas fecales.


También en 1924 la Dirección de Fontanería y Alcantarillado del Ayuntamiento de Madrid presentó el proyecto de saneamiento para los barrios extremos. Según la propuesta, era necesario invertir diecinueve millones en cuatro años, por lo que se solicitaba al Estado que, tal como se había acordado en 1908, aportara el 30 por ciento del coste de las obras que fueron adjudicadas en junio a Fomento de Obras y Construcciones por 18,3 millones. Un mes después concluían los trabajos iniciados en 1913 de los colectores conectados a los arroyos Carcabón y Abroñigal y al colector General, que cubrían una gran zona limitada por Cuatro Caminos, Bravo Murillo, Fuencarral, Red de San Luis, Peligros, Sevilla, Cruz, Atocha, Antón Martín, Santa Isabel y Méndez Álvaro. En total, la red concluida contaba con 222 kilómetros de nueva creación y con 171 kilómetros que habían sido reparados. Los grandes colectores tenían entre cuatro y siete metros de ancho y entre cuatro y seis de altura. El importe total de las obras había sido de 37,2 millones de pesetas, de las que el Ayuntamiento había puesto casi 20 millones.

Texto incluido en el libro ‘Madrid en los ‘felices’ años 20′